R O M I NA P I S T O L A S
LA IT GIRL DEL MOMENTO
Después de catorce años viviendo fuera de Chile, Romina Pistolas regresa con una mirada transformada por la distancia, las pérdidas, el deseo y la libertad de reinventarse. Una de las voces más provocadoras de la literatura chilena contemporánea, ha construido una obra que desafía las convenciones sin perder de vista la humanidad que existe detrás de cada experiencia.
En Mi año de sexo y relajación, su más reciente libro, Romina convierte la intimidad en materia literaria, explorando el amor, el sexo, la autonomía y las contradicciones personales con una honestidad tan incómoda como liberadora. Entre el humor, la crudeza y la observación social, su escritura invita a cuestionar los relatos tradicionales sobre el cuerpo, el deseo y la identidad.
Después de vivir varios años fuera de Chile, ¿cómo ha sido este nuevo capítulo de tu vida de regreso al país? ¿Qué cosas te han sorprendido o cambiado tu manera de ver Chile?
Me siento privilegiada de haber podido volver a vivir en Chile después de 14 años fuera, sobre todo por las circunstancias. Me vine a trabajar en lo que he descubierto que le da sentido, por fin, a mi existencia, que es trabajar con la creatividad. Eso me tiene tranquila. Lo otro, lo de encontrar la identidad de nuevo —ya no ser la inmigrante, la amiga stripper, la polola latina—, es un poco más complicado, porque imagino que va a tomar tiempo y serán altos y bajos anímicos. Por ahora, voy a disfrutar un poco el empotamiento que estoy teniendo con Santiago y después veré cómo logro navegar las críticas valóricas y el chaqueterismo, que es tan chileno y se me había olvidado. Nada es tan real, ni el amor ni el hate. No olvidar.
¿Sientes que esta nueva etapa en Chile ha influido en tu escritura o en los temas que te interesa explorar actualmente?
Claro. Tengo que ver qué sale de esta nueva realidad. Estuve bien desordenada los primeros meses, me volví un poco loca, activamente ghosteando a mi psicóloga porque sabía que necesitaba un poco de inestabilidad y tocar algún tipo de fondo emocional. Terminé una relación, quizás la más importante de mi vida, y estaba en bastantes pedacitos. En ese estado terminé mi segundo libro. Ahora estoy más hibernando, diciendo menos que sí a todo y más solita, como me gusta estar en verdad.
Tu nuevo libro, Mi año de sexo y relajación, tiene un título que llama inmediatamente la atención. ¿Cómo nació la idea detrás de este proyecto?
Es un homenaje a un libro que me gustó mucho de Ottessa Moshfegh que se llama “Mi año de descanso y relajación”, donde una chica decide hacer la cura del sueño a punta de estupefacientes porque está absolutamente quebrada y necesita apagar tele, con la esperanza de que cuando la prenda las cosas estén mejor. En mi libro exploro una relación de pareja (mía) que se encuentra trizada, y decido agregar un componente externo (otra persona) para terminar de quebrarla. Un año de sexo con este otro individuo, con la esperanza de arreglarlo todo, sin saber que el final feliz era seguir mi camino sola. En el fondo, la cura del sexo resultó. Igual que dormir al personaje principal en la novela de Otessa.
¿Qué diferencias encuentras entre este libro y Carmen, tanto en el proceso creativo como en los temas que aborda?
Lo principal es la normalización del trabajo sexual en mi nueva entrega. No hay una necesidad de justificarlo. Simplemente está. Esa es la evolución natural que he vivido como mujer y trabajadora sexual. Carmen fue un poquito una manera bastante cool de salir del clóset y defender mi decisión. Fue también la forma que tuve de contarle a mi familia, que es un proceso muy delicado, pero al abordarlo desde un proceso creativo se hizo bastante interesante, tanto que lo escribí. En Carmen los clientes no me tocaban más que el pelo o las piernas. Ya la palabra stripper me parecía demasiado fuerte para la sociedad chilena, y no me equivocaba, pero sabía que sería más digerible. Mi año de sexo y relajación habla derechamente de cobrar por sexo. Good old-fashioned prostitution. Siento que me atreví a ambas cosas —hacerlo y relatarlo— porque estoy más cómoda en mi piel y segura de mí misma.
El libro mezcla experiencias personales, observación social y humor. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre la exposición íntima y la construcción literaria?
Creo que estaba mucho más fácil hacerlo de lejos y pensando que el 90% de las personas involucradas en mi vida no hablaban español. Aun considerando eso, hay una persona de quien jamás puedes escapar, y es de ti misma. Exponer cosas íntimas, cosas que me dan vergüenza, pena o derechamente son cuestionables y que, por obvias razones, preferiría no contar, es liberador y muy angustiante a la vez. Para lograr el equilibrio es que se agrega el humor. No sé si es tanto para los lectores; creo que es más para mí, para recordarme que nada es tan serio al final.
¿Hubo algún momento durante la escritura de Mi año de sexo y relajación que te resultara especialmente desafiante o revelador?
Cuando hablé del abuso que sentí por parte de mi exmarido. La presión por acostarme con él y eso de que, como era su esposa, le debía sexo, aunque no tuviera ganas. Es algo que dejé ver un poco en mi primer libro, pero que ahora describí derechamente. Me parece que no me había dado cuenta de lo que estaba pasando hasta que nos separamos. Eso es grave. Yo ya me consideraba entonces una mujer feminista, inteligente, lúcida, y me pasó igual, sin que tuviera real conciencia. Escribir esa parte fue fuerte y, más fuerte aún, grabar esa página en el audiolibro. Note que subí el tono y lo vomité todo sin equivocarme ni respirar. Lloré un poco después del punto final y tuve que tomar un break. No me pasó en ningún otro momento del relato.
Recientemente apareciste en el videoclip “Diva” de Gianluca. ¿Qué fue lo que más te atrajo de la propuesta visual y conceptual del proyecto?
La verdad, lo encontraba mino y lo quería tener más cerca, aunque sea en modo ficción. Decir que tuve motivos más bondadosos o altruistas sería patudo. Después de decir que sí al video, escuché su música y me pareció súper buena.
Tanto en tu literatura como en tus apariciones públicas existe una exploración de la identidad, la feminidad y la libertad personal. ¿Ves alguna conexión entre tu participación en “Diva” y los temas que trabajas como escritora?
He aprendido a sentirme muy cómoda habitando mis imperfecciones. No quisiera ser ejemplo de nada más que de eso. Que sientan la libertad de explorar quiénes son y dejen de tratar de amoldarse a una sociedad que no valora la autenticidad y la individualidad; más bien les asusta y por eso las rechazan. Hay que perderle el miedo a no encajar y serás menos infeliz.
Mirando hacia adelante, ¿qué te entusiasma más de este momento de tu carrera y qué proyectos te gustaría concretar durante los próximos años?
Seguir escribiendo libros, incursionar en el audiovisual. Terminar el curso de guión. Aprender más y más. Seguir conociendo a gente que me estimule. Seguir leyendo, seguir viendo pelis, comer rico, enamorarme, ser feliz, sufrir, webiar, reír con mis amigos y dormir.






